Querida Venezuela:

Hoy quiero escribirte no desde el dolor, sino desde la esperanza.
Sé que has llorado. Sé que has sentido el peso de la incertidumbre, de las pérdidas y de los días en los que parecía que la noche no tendría fin. Pero también sé quién eres. Eres una tierra que ha aprendido a levantarse una y otra vez, incluso cuando todo parecía derrumbarse.
A cada venezolano que hoy lee estas palabras, dentro o fuera del país, quiero recordarle que la esperanza no es negar la realidad; es decidir creer que la realidad puede cambiar.

Hemos visto manos que se unen para servir, familias que comparten el poco alimento que tienen, voluntarios que dejan todo para ayudar y corazones que, aun con sus propias heridas, siguen siendo refugio para otros. Esa es la verdadera esencia de Venezuela: un pueblo solidario que nunca deja de amar.
Que este tiempo también nos recuerde que ninguna tragedia tiene la última palabra cuando un pueblo permanece unido. Cada abrazo, cada oración, cada donación, cada plato de comida compartido y cada gesto de amor son semillas de un futuro mejor.
No perdamos la FE. No dejemos de creer. No dejemos de construir esperanza, incluso cuando parezca pequeña, porque las grandes transformaciones siempre comienzan con un acto de AMOR.
Hoy elevamos una oración por quienes ya no están, por quienes aún luchan, por quienes perdieron tanto y por quienes siguen tendiendo la mano para ayudar. Que Dios fortalezca cada corazón, sane cada herida y derrame paz sobre nuestra nación.
Venezuela, aún hay motivos para creer.
Porque mientras exista una persona dispuesta a servir…
mientras exista una familia que abrace…
mientras exista una oración elevándose al cielo…
y mientras exista un corazón que no se rinda…
Siempre habrá esperanza.
Con Amor, fe y la certeza de que los mejores días también llegarán,

Maryuri Azuaje
Life Coach
Mentora de Abundancia